martes, 10 de noviembre de 2015

Una mente brillante

Muchas veces me ha pasado que en donde menos lo espero aparece algo que no estaba buscando y sin embargo es como si lo hubiera hecho.

Ahí estaba él, con pinta de ser de aquellos que tras una cara de buen chico, ocultan un monstruo que puede llevarte a la perdición del sexo, me había citado aquella noche después de un congreso ofrecido en mi universidad, en el que nos conocimos.
Le gusté, me gustó.

- Soy Alberto, estudio la universidad, vivo dedicado a la ciencia. Mis placeres son el saber, el arte y el sexo. Te escuché en la exposición de psicología del martes pasado y me enamoré del gran discurso que manejas sobre arte y salud mental. Es un placer para mi que hayas aceptado mi invitación, tenemos mucho que conversar... pero más que todo eso, quiero hacerlo contigo.

Nadie me había ofrecido hacerlo de la manera en la que él lo estaba haciendo.

-Claro- respondí casi sin saber que decir.

Su voz era tranquila, no muy grave, más bien una voz juvenil, agradable al oido, pero vieja. Lenta pero no monótona. Usaba un lenguaje muy sofisticado, correcto, lleno de expresiones no habituales en el léxico de una persona "normal", como si en aquella voz guardara una historia de alguien que ha vivido demasiado, como si no fuera él quien se regía por el tiempo, si no más bien era él quien hacia andar el tiempo con su voz.

Para mi, algo que puede determinar que sea agradable algo es el sonido, y las voces son en el mejor de los casos, la principal razón por la que puedo disfrutar.

Nos fuimos lejos de la gente que hablaba con el volumen habitual cuando te la pasas bien y el alcohol ya ha hecho su trabajo.

Fuimos a un lugar cercano.

En el camino me dijo:
-Me gustan tus ojos, eres guapo- agrego casi sin dejarme terminar de presentarme.

Yo solté una risa, de esas que dicen "no puede ser".

Él no era del tipo "guapo" que había frecuentado ultimamente. Era más bien del tipo de chicos que en un salón de clases, sería catalogado como el nerd. Usaba anteojos, su cuerpo no era trabajado, más bien regular, con aquella carne que suave rodea los brazos, piernas y abdomen, dando una figura curvada. Su rostro redondo pero con ojos delicados y una sonrisa amable.

Vestía distitno a todos en aquel bar, con ropa que podrías ver utilizando a un profesor universitario. Camisa de mangas largas en azúl, un saco rojo que pareciera extraido de una pelicula de los años 60, pantalones Jeans y zapatos marrones de agujetas... para terminar de adornar con una boina del tipo visera.

En otras palabras... un intelectual.

El jugueteo comenzó, él sin dudar y con una mano habil provocó en mi gemidos sin haber quitado la ropa. Obviamente era un maestro en el arte del placer.

Los dedos, la lengua, su cuerpo entero desbordaba placer que me provocó no solo orgásmos genitales.

Su pecho cubierto de vello me excitaba de sobremanera, todo su cuerpo con suave vello claro... jamás me había excitado un cuerpo asi.

Él era suave y agresivo a la vez... No quedó una parte de mi cuerpo sin ser explorada y fue eterno...

Una vez respirando con fuerza, cuando el cuerpo vuelve a un estado de baja excitación, solo entonces habló:

-Permiteme conocerte mejor... aprender de ti- Agrego tomando mi mano.

Yo estaba fascinado... no hay nada más sensual que una mente brillante.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Reencuentro

La extraña nube gris de frías gotas de lluvia, se cansó de hacerme llover.

Recogí los libros del suelo, los coloqué de una forma agradable en el librero que me regaló mi madre y que desde el día de mi cumpleaños permanecía vacío porque no tenía ganas de colocarlos en su lugar. Todos ellos estaban en el suelo en extrañas posiciones.

La ropa (aunque limpia) estaba en una silla al fondo de donde sacaba algo cada que lo necesitaba. La tome y me dispuse a colocarla en el guardarropa también vacío.

No se cuanto tiempo tardé en hacerlo pero por fin estaba limpia mi habitación, en orden, con olor fresco y la fragancia de esos inciensos que hace tiempo no quemaba para mantener bien perfumada la pieza.

Tomé una ducha con agua fresca (no fría) para combatir el calor ambiental. El jabón en mi cuerpo y mis manos recorriendo, inspeccionando. El tatuaje que llevo en el pecho me puso a pensar: "Debo tatuarme de nuevo".

Estaba ya limpio, vestido y peinado. Me observé en el espejo y comprobé que todo estaba bien.

Salí a la calle y caminé. Escuchaba el sonido al rededor. Había niños jugando en el parque cercano a casa, familias, amigos, novios... Por primera vez desde hace mucho tiempo, caminé sin audífonos a todo volumen.

Caminé por 20 o 30 minutos hasta que lo vi. Él me hacía la seña de saludo desde el otro lado de la calle.

Crucé a prisa al notar que no venían coches y al llegar con él me abrazó con fuerza...

-Te extrañé... -Me dijo sin soltarme- ¿Cómo estas?
-Estoy muy bien, yo también te extrañé... ¿Cómo te ha ido?
-Me ha ido regular, ya sabes la situación - Dijo él por fin soltándome - Pero no creo que tú me extrañes, de haber sido así, me hubieras buscado.
-Perdóname - Le respondí con sinceridad.
-Vamos, que no tenemos mucho tiempo.- me dijo él y caminamos hasta su casa.
-Por cierto... ¡feliz cumpleaños!- le dije cuando habíamos recorrido ya un buen tramo.
-Gracias- me dijo él.

Tenía meses sin acercarme a él, en realidad a casi nadie... pero él... no se porque me alejé tan estúpidamente de él. Siempre me acompañaba, me cuidaba, me regañaba... hacía lo que un amigo debe hacer.

-Quiero pedirte perdón por... ya sabes... no sabía que hacer... -Le dije titubeante.
-Shh! - me hizo callar. - Yo entiendo. No me debes explicaciones y te perdono... Lo único que no te voy a perdonar, es que me dejes de hablar otra vez... -Dijo Pablo.

No pudo decir nada más, porque su mamá abrió la puerta y entre abrazos y besos de madre me invitó a pasar a su casa, donde la reunión familiar de cumpleaños de mi amigo se celebraba.

-No podía celebrar en familia, si no estaba mi único hermano aquí.

Lo admito, lloré un poco.

(Pensé en un tatuaje nuevo... mi amigo de siempre)


lunes, 14 de septiembre de 2015

Filosofía del cigarrillo.

Y me lo
decía mi amiga:

"Si te quita el cigarro y luego te hace fumar de su mano, es porque quiere saber si aceptas coger con él"

No se de dónde saca tantas cosas.

"No te olvides de quitarle el cigarro, eso asegura la determinación"

No, no lo creo, no puede ser así, son solo ideas tontas.

"Si te observa mientras inhala y exhala el humo, de verdad te desea"

Tonterías.

"Si el humo lo lanza hacia arriba, quiere seducirte"

No comprendo, son estupideces todas esas.

"Si fuma mientras lo hacen... te quiere ver de nuevo"

No...


Ahora empiezo a creer que ella tal vez tiene razón.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Otra vez igual


La guerra nunca termina...

Batallas las hay muchas, cada día y en cada momento.

A veces se pierden a veces se ganan.

En  los breves respiros se debe únicamente prepararte para la que sigue,
es decir, no hay descanso.

Una tras otra,
levantar la espada y prepararse para continuar...

La guerra continúa, nunca se detiene... hasta morir.

***



Como era de esperarse las cosas fueron distintas a partir de aquella noche.

No podía huir, ni él ni yo, teníamos que seguir frecuentandonos en los ensayos y soportar las escenas juntos... no decíamos hola al llegar pero nuestro cuerpo se tensaba con vernos. Miradas que se desvían, movimientos veloces para "hacer algo" que no estábamos haciendo... leer, atar los zapatos, tomar agua, gesticular ante el espejo...

En algún momento decidimos acercarnos de nuevo, pero al hacerlo, él se alejaba o cuando era él, yo me alejaba.

Era un juego para ver quien hablaba primero...

Y sucedió...

Estaba nuestra compañera a la mitad del pasillo texteando algo en su celular cuando decidí llamarla:

Vannesa!

Mi voz fue doble... ella volteó alternativamente a la derecha e izquierda... Luis y yo la llamábamos desde puntos extremos.

Luis y yo no evitamos vernos y sonreímos ante la "casualidad".

Después de que cada quien expuso con Vannesa su necesidad, ella se fue dejándonos solos ahí.

-Ya me iba- me dijo Luis.
-Yo también.
-¿Traes tu coche?- me preguntó
-No, me iré en taxi.
-Espera, yo te llevo.

Salimos al estacionamiento y saqué un cigarro.

-¿Hace cuanto que fumas?- me dijo Luis, poniendo nuestras cosas en la cajuela del coche.
-Mi último año de preparatoria, es decir... cuatro años.
-¿Fumas mucho?
-No, solo a veces... últimamente menos.
-Que bien.
¿Quieres?- le ofrecí un cigarro
-Gracias- Tomó uno de la cajetilla y le presté mi encendedor.

Humo... en la fría noche que recién había quedado tranquila después de una lluvia intensa.

-Quería hablarte...- comenzó a decir pero lo interrumpí.
-Yo también...-hice una pausa y seguí hablando- Discúlpame por lo que te hice en tu fiesta... no quería...
-Ya, ya... esta bien- me dijo- si me hiciste sentir mal y creí que me odiabas o algo así, pero en estos días me di cuenta que intentabas acercarte y no decías nada y me di cuenta que tu te diste cuenta que yo hacía lo mismo... eso me dio esperanzas...
-Perdóname...- le dije otra vez bajando la cabeza.
-¿Por qué?- me preguntó

De pronto una serie de pensamientos me inundó, lo que había estado haciendo, lo que pasó con Juan hace tiempo, mi depresión en los últimos días, en especial desde que murió mi abuelo, las incontables veces que en el psicoanalista me solté a llorar sin razón aparente, mi forma de alejarme en silencio de todos los que tengo al rededor, las discusiones más frecuentes con mi padre, mi terrible forma de hacer sentir mal a los demás y las veces que hice que todo se fuera a la mierda.

El maldito psicoanalista tenía razón...

Todas esas cosas que pensé no pude decirlas, pero eran la respuesta a esa pregunta "¿Por qué?"
Y no lo dije, pero algo se liberó ahí... me sentí ligero y como un cuchillo rebanandome en dos que me hacia sangrar pero a la vez bien.
Unas lagrimas salieron de mis ojos y pude verlo a él... inmóvil y su mirada que me veía con preocupación.
Me abrazó con fuerza... su perfume... ahí como agente tranquilizador.

-Tengo miedo- le dije al oído
-¿De qué?
-De que por mi culpa todo se vaya a la mierda... de enamorarme y hacer que alguien se enamore de mi y después todo se vaya a la mierda... como siempre...
-No tiene por que ser así otra vez... - me dijo separándose de mi y viéndome a los ojos.

Esa noche fuimos a cenar... pero antes, cenamos pizza.

martes, 11 de agosto de 2015

Oportunidad

¡¿Que carajo hice?!

Estuve pensando eso dando golpes en la cabeza desde esa noche.
No podía creer lo que había hecho, no se porque lo hice pero lo hice y ahora me estaba incendiando por dentro al no saber que pasaría a partir de ahora.

Lo que sucedió fue lo siguiente:
Recibí un mensaje en Whatsapp el sábado por la mañana. Era Luis, amigo y compañero de teatro. Rara vez me envía mensajes pues solemos platicar solo en persona. El mensaje decía:

Luis: Hola, Ed! :3 Estas despierto?
Ed: Si, me desperté hace una hora.
Eso era mentira, en realidad la alerta del teléfono me despertó.

Luis: oh! Que bien, quería saber si tienes algo que hacer en la noche?
Ed: No, nada... ¿Por qué?
Luis: El lunes es mi cumpleaños y hoy haré una fiesta pequeña en mi casa, no invité muchas personas y quiero que estés aquí.

Luis cumpliría 21 años y no acostumbra festejarlo pero a petición de sus mejores amigos accedió a hacer algo distinto este año.

Cuando se acercaba la hora de la fiesta ya me había puesto lo mejor de la ropa que tengo, me tardé peinando mi cabello y me puse aquellos zapatos que uso solo en eventos importantes.

Tomé la camioneta con permiso de mis padres y me dirigí a la fiesta, en la tarde conseguí un regalo que sabía iba a ser del agrado de Luis. Me tardé lo suficiente en encontrar algo adecuado.

¿Por qué me esfuerzo tanto?
Eso lo pensaba de camino a la fiesta. Se que Luis es un tipo de chico distinto a muchos, es bailarín y cantante, apasionado a estas actividades. No es muy guapo y es más bajo que yo y definitivamente no es el chico que me gustaría pero sin embargo me había vestido para él, muy contrario a lo que siempre soy, desaliñado.
Seguramente es solo que me cae muy bien - pensé - y me fui más tranquilo a la fiesta.

Llegué a la fiesta, 30 minutos después de la hora acordada para no ser el primero. Toqué el timbre y salió el a la puerta. Me abrazó con fuerza y me dijo...
- ¡Que bueno que viniste! - me observó con una sonrisa en el rostro y agregó - Te ves muy guapo.
- Gracias, tú también- Y a decir verdad ese día estaba muy arreglado y limpio, se veía guapo. Tal vez sea que cuando cruzo con el por lo regular va con ropa cómoda de deporte y sudor por el trabajo en teatro.

Caminamos al interior donde sonaba música de moda que no reconocí en un volumen agradable y para mi sorpresa no había nadie.
Me sentí incómodo por un momento hasta qué el volvió de la cocina con una botella de whiskey y unos vasos. Me preguntó si quería y le dije que si, entonces sirvió un poco en ambos vasos ya con hielo.

-De verdad te ves muy guapo- me repitió sentándose junto a mi mientras me aplastaba con su mirada.
-Gracias -  y reí nervioso clavando la mirada en mi vaso.

El se acercó más a mi y yo ya estaba totalmente acorralado junto a la pared y entonces sonó el timbre.

Luis se levantó a prisa y abrió la puerta, ahí estaban otros 6 compañeros de teatro todos con regalos en las manos... el regalo... Me levanté rápido con el impulso de ir por el regalo que se había quedado en el coche pero me detuve saludando a los recién llegados.

Luis volvió a prisa junto a mi y me hizo sentar empujándome por el hombro hacia abajo.
Entre copas y botana... charlas y risas olvidé pronto aquello.
Comenzó el baile y estaba yo bailando con Selene. Luis me miraba mientras bailaba con Claudia y decidió decirle a ella que tenía que ir a comprar otra botella.

Se acercó a mi y dijo: Me acompañas a comprar más alcohol.
Yo acepté y fui con él.

Subimos a mi camioneta porque yo insistí y ví el regalo. Antes de arrancar se lo dí.
Luis abrió con calma el regalo y al verlo lo observó con una sonrisa enorme en su rostro.

-Es genial-

En una ocasión el me había visto con una camisa como esa y recuerdo que me dijo con entusiasmo: Te la quiero quitar, esta muy bonita.

Aquella tarde antes de la fiesta busqué alguna parecida y la encontré después de visitar 8 tiendas.

Sentí entonces su abrazo al rededor de mi cuello. Y acto seguido noté mucho movimiento junto a mi... entonces lo vi. Le quitó la etiqueta y se despojó de la camisa que llevaba esa noche, la tiró al piso de la camioneta y buscó la manga para introducir su brazo. Yo observaba su abdomen perfectamente marcado, sus pectorales que recién se empezaban a abultar, señal de que no hace pesas ya que sus brazos solo están marcados pero no abultados. Subí hasta su rostro y noté que él me veía sonriendo.

silencio...

Risa nerviosa de su parte...

Se puso la camisa y dijo: Vamos por la botella.

Fuimos en silencio, compramos lo necesario volvimos a su casa. En el camino me dijo viendo hacia la ventanilla y su voz sonaba lejana entre el ruido del motor.

-Quédate a dormir esta noche-

Lo pensé... sudé un poco... sentí su mirada aplastándome de nuevo... detuve el coche en la puerta de su casa... lo vi...

-No-

Nos quedamos en silencio después de eso... bajamos de la camioneta, el entró a casa y yo le dije:

-Me tengo que ir, Feliz cumpleaños-

Subí al coche y me alejé.

viernes, 12 de junio de 2015

El Viejo

El Viejo avanza y sonríe, sus pasos lo dirigen al mar.
El mar fue su cuna y arrullo cuando recién llegó y fue el mar quien lo arrastró hasta la orilla dónde él buscó su camino.
Se internó en la selva y recordó el arrullo del mar, le dio vida y llevó consigo hacia el mundo exterior.
Voló cual gaviota y vio al mundo en su esplendor. Fue presa fácil pero logro escapar con la misma astucia que un león.
Ya cansado descubrió en su andar que la vida llevaba en sus manos desgracias y también amor.
Tomó ambas manos y logró ser fuerte como nadie.
Él supo dar amor y ser amado, supo conocer la desgracia y enseño a no caer ahí.
Sus hijos, cada uno de ellos, con la misma fuerza y el mismo coraje, caminaron entre la selva. Volvieron a cantar el arrullo a sus propios hijos y el mismo Viejo las cantó a sus nietos.
El Viejo vio un día a sus hijos irse lejos y recordó con alegría el amor que les dio y el que ellos le dieron.
Pudo escuchar a los niños reír tres veces en cada amanecer y los confortó con su calor tres veces cuando la noche era fría para dormir.
¿De qué sirve mucho vivir sin enseñar lo vivido?
Él lo sabía, supo amar y supo enseñar.
Hoy su arrullo va cantando, no su propia voz, si no la voz de aquellos que alguna vez arrulló al dormir.
Hoy ya ha caminado demasiado y su arrullo suena en mi voz, se va acompañándolo de armonías para que pueda dormir y ser feliz.
Yo seguiré cantando, seguiré amando y seguiré enseñando como lo hizo El Viejo.
Él así solía llamarme desde pequeño mientras me sostenía en sus brazos... Viejo... yo ahora soy: El Viejo.

-Dedicado a mi abuelo quien ha decidido irse entre el arrullo la noche anterior-

martes, 2 de junio de 2015

Una batalla más


Si, me di tiempo para sentirme mal y llorar un poco pero me limpié las lágrimas y me levante de mi devastación.

Él aún sostenía mi mano cuando vi escaparse de sus ojos el último intento de mirarme. Su ligera sonrisa agradecida por tantos años a su lado y su larga exhalación que fue la última. Siempre lo creí como ese momento donde todo se escapa y todo vuelve al ser de la tierra.

Separé su mano tensa de la mía, le limpié el sudor y la sangre del rostro. Puse junto a él su espada y tomé el yelmo. Besé su frente y me fui andando entre cadáveres y moribundos.

A veces no podía evitar mirar hacia atrás y conforme avanzaba veía las magnitudes de la reciente batalla. Algunos se levantaban solos y ayudaban a otros a hacerlo. Revisaban a quienes podrían salvar y se permitieron llorar en silencio por sus amigos y compañeros.

Nadie dijo que por ser guerreros no se nos permite sentir dolor... no dolor físico, dolor del alma. Por decirlo de alguna manera. Somos humanos y también amamos.

No podré olvidarlo, no podré dejarlo pasar. Iré recordándolo mientras camine, me seguirá punzando en la cabeza su sonrisa infinita. Podre soñar que sigue a mi lado y aunque aprenda a vivir sin él, será parte de mis pasos, los que ya he dado y los que he de dar.

Quisieron ayudarme, curar mis heridas y limpiar mi sangre. Mi dolor corporal no se compara con el del alma. Deberán sanar con el tiempo...

Mi vista se nubla, siento frío, no existe nada... solo existe el saber que al despertar todo estará bien.

martes, 21 de abril de 2015

Transferencia.

Descubrí que ya era el momento.

La idea me comprimía por dentro... no se si en la cabeza, en el pecho o el estómago. Por un momento creí que era en mis testículos y como buen macho decidí aguantar... pero tampoco era ahí.
Estaba... solo estaba saltando, molestando y generando dolores, risa y llanto.

Necesito ayuda.

Tomé el teléfono, busqué el número que creí no utilizar si no hasta que creyera conveniente y el momento era ahora, el dolor lo pedía a gritos.

-Te veo el jueves a las 7-

Terminó la extraña llamada y anoté en mi agenda.

El jueves llegué y tuve que esperar 15 minutos pues llegué más temprano de lo acordado. El sofá de espera era amplio y cómodo. No había nadie más y me puse a juguetear con mis manos y mi pierna derecha se movía repetidamente arriba y abajo.

La puerta del consultorio se abrió y ahí estaba el hombre extraño muy informal en su vestir, un pendiente negro en  la oreja izquierda y varios tatuajes en los brazos.
-Edson, espero estar en lo correcto- me dijo y yo solo asentí. -Pasa, siéntate en aquella silla.

El lugar amablemente decorado con colores suaves y un ambiente fresco y agradable.

-¿Qué te trae aquí?- me preguntó una vez se presentó y colocó sus gafas en su lugar.

El cuerpo me temblaba y las palabras salían no del todo bien pero salían.

-Me he dado cuenta que tengo miedo de aceptar el amor.-

Sabía que teóricamente era estúpido lo que estaba diciendo, pero así era la forma que pude expresarlo. La teoría comenzaba a pasar velozmente en mi mente, desde Freud hasta Lacan y ambos podrían matarme por solo haber dicho eso.

La primer entrevista resultó exploratoria y avanzó sin gran suceso.

Me sorprendió darme cuenta la velocidad con la que mi neurosis desplegó tanto que pasó hermosamente a una transferencia lo cual me llevaba a pasar al temido diván. Solo un mes y eso fue suficiente para comenzar el análisis.

Mi padre, la soledad, el rechazo, mi castración, mis rasgos obsesivos y mis pulsiones narcisistas devueltas en mi mismo... melancolía.

Cada sesión, dos veces a la semana... proceso caro ($$) y doloroso... además lo se... muy largo.

Llegaba a casa cansado, llorando pero construyendo más material para el análisis.

Mi formación primero como psicólogo y posterior como psicoanalista me hacían reformular mis propias palabras que flotaban y como el humo del cigarro eran retornadas en ráfagas de viento hacia a mi de la boca del analista.

Y sigue andando.

¿Que he hecho?
He trabajado y he estudiado. Me he dado cuenta de las veces que he destrozado algo hermoso, oportunidades que llegan y rechazo y después lloro porque quiero más de ellas.

Ahora que ya estoy conociendo la experiencia analítica puedo también conocer cual será mi trabajo una vez que ejerza como tal.

Hoy me siento preparado para aceptar aquello llamado "amor" aunque no lo piense como tal... creo que puedo hacerlo.

viernes, 27 de marzo de 2015

¿La muerte?

El final perfecto para el libro...

Yo debía quedarme hasta tarde en la biblioteca escolar entre pilas de libros para seguir obteniendo información de una investigación que hacía por el simple hecho de tener ganas de hacerla.

Anotaba miles de frases que podían servir, devolvía los libros que no me habían ayudado mucho y regresaba con otros más que aparecían casi por arte de magia.

Me tomé un respiro y me tallé los ojos que estaban casi secos de tanto leer. Dejé los anteojos sobre mis notas y me estiré sobre el respaldo de la silla manteniendo los brazos levantados detrás de la cabeza y respiré entre cansado y extasiado por tanta información agradable que cada vez se volvía más interesante.

-¿Interrumpo?

Esa voz me heló la sangre y me hizo dar un salto que me hizo sentarme recto y abrir los ojos… la voz, también me alegro escucharla.

-No interrumpes, ya estaba por terminar- Le dije sin poder verlo a los ojos.

Él sonrió y señalo los libros.

-Te has vuelto un ermitaño, te veo entrar siempre a la biblioteca y salir con tantos y diferentes libros cada vez que me parece que te has convertido en una ratón de biblioteca.

-Tengo un proyecto de investigación… mi posible tesis- Le respondí a manera de excusa.

-¿Tesis? ¡Pero te faltan dos años para concluir la carrera!- me dijo entre sorprendido y molesto.

-Prefiero adelantarme, ya sabes como soy- tomé mis anteojos y los coloqué cuidadosamente porque están muy frágiles y pueden romperse pronto, cerré los libros y aparté dos de ellos para llevarlos a casa. – Me iré a casa.

-¿Te llevo?- me dijo en tono suave.

-No es necesario- Sonreí sinceramente.

Caminó detrás de mí sin decir palabra alguna hasta llegar cerca del estacionamiento y entonces dijo:

-Fui a buscarte porque quería desearte feliz cumpleaños, el viernes no te encontré para decírtelo-

-Gracias- le respondí.

-Toma- me dijo mientras sacaba un pequeño sobre naranja de su bolsillo. –Ábrelo.

Y eso hice, lo abrí. Dentro había una carta del juego de lotería, la correspondiente a la muerte. Una hoja blanca con un poema y un dibujo con el título “Por última vez… la muerte”. En la parte trasera del sobre estaba escrita una frase que decía: “El juego ya ha comenzado y esta carta es tú destino, el destino del mundo. Solo tú decides si quedarte esperando o esperar a quedarte”.

-Gracias- le respondí.


-Es el final del libro que hicimos- Él sonrió, revolvió mi cabello y se fue.


lunes, 23 de febrero de 2015

Volver otra vez

De verdad lo extrañaba.

Caminé nervioso hacia aquel lugar tan familiar, tan lleno de vida, tan mágico.
Mi otro hogar, aquel refugio que me envolvía de realidades distintas pero muy cercanas a la que hay fuera.

Me vestí muy bien, recogí mi cabello en una "pony-tail" que rozaba el inicio de mi espalda al caminar. Llevaba aquel viejo perfume que suelo usar solo en ocasiones especiales... este era uno de ellos.

Ir a encontrarme con aquel ser en tan familiar lugar me resultaba especial... lo era.
Ese lugar, mágico, siempre tan vacío, tan obscuro y con aquel olor de flores nacidas por emociones y música. Aquel lugar que de pronto se vería lleno de varias vidas, algunas reales y otras ficticias.

Subí aquella escalinata que queda al centro, y envuelto de penumbra gloriosa. Toqué el suelo con mis dedos como pidiendo permiso para pasar y a la vez como un tierno y sincero saludo a aquel viejo lugar que era amigo y cómplice.

Lo vi entonces ahí, de pie al centro de aquel lugar elevado, muy grande e imponente. Sonreía con ligera soberbia y satisfacción. Me dio la bienvenida con un silencio cálido y una fuerza que me entraba por cada poro del cuerpo.

De pronto me descubrí tan alto y poderoso, lleno de magia y capaz de arrancar algo muy intimo de las demás personas. Personas que me observaban y reían, reían de lo que decía, como me movía, a dónde iba, no podía escapar, debía permanecer ahí a la vista de todos... pero sabes, no me sentí mal, yo quería que siguieran riendo, de mi voz, mis palabras, mis movimientos, de mi.

Entonces aplaudieron y sonreí volviendo a ser yo. Tomé de la mano a ese espíritu (si es que así puedo llamarlo) e hice una reverencia acompañada de más aplausos.

Maldito ser, te amo. No creo en espíritus, ni fuerzas sobrenaturales pero algo pasa al subir al escenario y volver el pasado fin de semana con el viejo amigo me hizo sentirme bien. Tocar aquel telón de terciopelo rojo, aquel suelo de madera negra y aquellas butacas vacías antes de cerrar telón que se llenan como si fuera magia al abrirse.

Me hizo sentir bien el haber vuelto a casa, segunda casa, teatro... de verdad lo extrañaba.

domingo, 15 de febrero de 2015

Perfecto


Creí ser invencible, creí poder volar y jamás caer... estúpido.
Nada debía detenerme, nada debía ser malo ni complicado.
Yo soy un genio, soy... perfecto...
¿Dolor? ¿Amor? ¿Tristeza?
No puedo rebajarme a algo tan humano como eso.
Inmortal, divinidad, omnipotencia.
Descolocarme del plano terrenal, lejos de los mundanos placeres mortales.
Posicionarme en lo alto, en el plano del alma.
No soy cuerpo ni espíritu,
no soy vida ni muerte,
Ni luz ni obscuridad.
Soy todo...
Pero ahora veo...
siento,
muero...
Soy nada
Soy hombre,
tierra,
pecado
soy efímero.
¿Amor?
Estoy convencido de que no existe tal cosa...
pero ¿Dolor? ¿Por qué lo siento?
Me enamoré
Caí al vacío y conocí la vida...
mortal...
Fui vencido.

lunes, 26 de enero de 2015

Que te vaya bien

-Bien... hablaré contigo.

Le dije después de varios mensajes insistentes que me dejó a lo largo de dos semanas.

Lo cité en el café del centro el sábado a las 5 de la tarde. "Tendrás una hora" le había dicho, porque debía ir a impartir mi primer clase de inglés.

Llegué a las 4:50 y esperé fuera mientras el llegaba.
Cuando llegó eran las 5:08. Llevaba puesto aquel abrigo tan elegante y a la vez le daba un toque rebelde.

-Hola, gracias por...-
-Si, no importa- le interrumpí y caminé dentro del café. Subí a la planta alta y tomé asiento junto a la ventana.

El lugar como siempre estaba lleno de jóvenes parejas y el grupo de lectura. El mesero nos tomó la orden inmediatamente. Le pedí también un cenicero.

-¿Qué querías decirme?- Le pregunté.
-Quiero pedirte que no me odies- Me dijo bajando la mirada.
-No te odio- y prendí el cigarro. -¿Quieres? - Le extendí la cajetilla.
-Gracias- dijo él y puso un cigarro entre sus labios.
-¿Crees que debería odiarte?- le pregunté.
-Te fallé, eso debe ser suficiente para odiarme- Dijo entre la nube de humo que salía de su boca.

Si, definitivamente me había fallado, debo decir que pudo haberlo terminado todo de mejor manera, pero no fue así. Me dolió, lloré, lo maldije en 7 u 8 ocasiones pero odiarlo jamás. Él y yo sabíamos y lo teníamos claro desde el principio "Esto no será para siempre".

Él me rogó durante mucho tiempo para que yo le diera la oportunidad de enamorarme. Se lo concedí a pesar que yo le dejé claro que si algo me gustaba de él, era solamente su físico (no es una escultura griega ni mucho menos) pero me atraía solamente sexualmente. Sabía también de su fama de "rompecorazones" y que en algún momento iría tras lo primero y más interesante que pasara frente a sus ojos, ya fuera un cerebro interesante, unos labios carnosos, un par de tetas bamboleándose o un buen bulto en la entrepierna.

Yo lo sabía y acepté correr ese riesgo.

Por mi parte no podía ser mejor. Me han tachado de "frío" mis anteriores parejas y es verdad. Aunque debo decir que él me volvió más cálido y ablandó en mi congelada boca una sonrisa cada día pero aún así he llegado a pensar que también puse mucho peso para que todo terminara así. Él me decía "Elsa" en ocasiones, haciendo alusión a "Frozen" y yo le decía en broma (aunque no tanto) "el frío es parte también de mi".

-Yo no podría odiarte, lo sabes. Me dolió, si. Pero prefiero pensar en ti como el que me hizo reír y sentirme bien durante mucho tiempo. Después de esto eso es todo y cada quien seguirá por su camino.- le dije y comencé a tomar mi café.

-Pero yo... tú sabes... ella es tan...- se le notaba muy nervioso.
-No me expliques nada de ella, llegó el final y eso es todo.
-Solo quería decirte que... - guardó silencio por un rato que parecieron ser muchos minutos - ... sentí que ya no era tan especial para los dos como lo había sido al principio.
-Es verdad, ya no era bueno ni para ti ni para mi. Aún así creo que pudiste haberlo hecho mejor.
- Y ese es el grave error por el cual quería hablar contigo, y por eso tenia miedo de que me odiaras.
-Ya olvídalo, lo hiciste, ya me pediste perdón, te dije lo que debía decirte y tú lo que debías decirme. Disfruta de tu chica mientras dure y solo tengo que decirte: Gracias por los momentos vividos y que te vaya bien.
-No quiero que desaparezcas- me dijo.
-No me iré, seguiré aquí, me verás en la universidad pero algo si debo recomendar y es que no volvamos a juntarnos así como hoy. Te daré los buenos días y seremos cordiales uno con el otro pero no más relación entre tu y yo... por tu bien y en esta ocasión pesando más en mi (algo que no acostumbro) por mi propio bien.

Le pagué el café y me fui a mi clase.

Yo lo sabía, nada podía hacerse ya ahora que había pasado todo. Solo desearle lo mejor y terminar al menos creo yo, de la manera más correcta haciendo saber que ambos teníamos responsabilidad en lo sucedido y que no pensaríamos en asesinarnos cuando nos cruzáramos en el camino.

miércoles, 14 de enero de 2015

Comenzando...

Y sigo vivo...

En estos días estuve haciendo limpieza profunda en mi habitación, entre estornudos y comezones típicas de mis alergias, saqué miles de cosas que iban directo a la basura, otras para donar y otras para vender.

Entre cosas y cosas conservé solo lo necesario, mande a la basura muchas cartas viejas de amores pasajeros y recuerdos que siendo sincero no recordaba.

Ese libro... con esa portada tan artística y su contenido entre dibujos, poemas y canciones.

"Te amo... aunque sea solo un momento"

Decía esa frase en la tercera pagina con aquella caligrafía tan bien hecha, llena de giros y largas lineas que entrelazaban las letras formando las palabras.

Lo cerré de golpe y admiré esa portada hecha a mano... -lo siento... no soy capaz de deshacerme de ti.- Pensé mientras lo ponía al fondo de la caja que destiné para cosas que almacenar... no se para que pero ahí estará.

Yo se que me hubieran dicho: "Sácalo a la basura, lo único que hará es traerte recuerdos de él, te mantendrá atado... etc". Pero pensé que fuera lo que fuera, ese libro no solo contenía recuerdos... de él... pero también míos, de mis sueños y deseos. Además tirarlo para "olvidar" era estúpido, era como si pudiera sacar las memorias mentales y echarlas a la basura... es imposible. Él estará ahí el resto de mi vida, lo seguiré viendo por ahí y si creo que no podré seguir mi vida con la idea y presencia de él, entonces si que estoy perdido.

Continuar andando... eso haré, no una historia nueva, la misma, la mía, no de él.

Han pasado ya casi 3 meses y no me siento en absoluto mal... tal vez en el momento lloré y sentí que moría pero ahora me siento fuerte, limpio y listo para comenzar a trabajar este año con muchos buenos proyectos... nada y nadie son impedimento.

Y ese libro quedará sin escribirse por un tiempo, planeo volver a abrirlo y escribir nuevas historias que seguramente no tendrán nada que ver con Él.