lunes, 26 de enero de 2015

Que te vaya bien

-Bien... hablaré contigo.

Le dije después de varios mensajes insistentes que me dejó a lo largo de dos semanas.

Lo cité en el café del centro el sábado a las 5 de la tarde. "Tendrás una hora" le había dicho, porque debía ir a impartir mi primer clase de inglés.

Llegué a las 4:50 y esperé fuera mientras el llegaba.
Cuando llegó eran las 5:08. Llevaba puesto aquel abrigo tan elegante y a la vez le daba un toque rebelde.

-Hola, gracias por...-
-Si, no importa- le interrumpí y caminé dentro del café. Subí a la planta alta y tomé asiento junto a la ventana.

El lugar como siempre estaba lleno de jóvenes parejas y el grupo de lectura. El mesero nos tomó la orden inmediatamente. Le pedí también un cenicero.

-¿Qué querías decirme?- Le pregunté.
-Quiero pedirte que no me odies- Me dijo bajando la mirada.
-No te odio- y prendí el cigarro. -¿Quieres? - Le extendí la cajetilla.
-Gracias- dijo él y puso un cigarro entre sus labios.
-¿Crees que debería odiarte?- le pregunté.
-Te fallé, eso debe ser suficiente para odiarme- Dijo entre la nube de humo que salía de su boca.

Si, definitivamente me había fallado, debo decir que pudo haberlo terminado todo de mejor manera, pero no fue así. Me dolió, lloré, lo maldije en 7 u 8 ocasiones pero odiarlo jamás. Él y yo sabíamos y lo teníamos claro desde el principio "Esto no será para siempre".

Él me rogó durante mucho tiempo para que yo le diera la oportunidad de enamorarme. Se lo concedí a pesar que yo le dejé claro que si algo me gustaba de él, era solamente su físico (no es una escultura griega ni mucho menos) pero me atraía solamente sexualmente. Sabía también de su fama de "rompecorazones" y que en algún momento iría tras lo primero y más interesante que pasara frente a sus ojos, ya fuera un cerebro interesante, unos labios carnosos, un par de tetas bamboleándose o un buen bulto en la entrepierna.

Yo lo sabía y acepté correr ese riesgo.

Por mi parte no podía ser mejor. Me han tachado de "frío" mis anteriores parejas y es verdad. Aunque debo decir que él me volvió más cálido y ablandó en mi congelada boca una sonrisa cada día pero aún así he llegado a pensar que también puse mucho peso para que todo terminara así. Él me decía "Elsa" en ocasiones, haciendo alusión a "Frozen" y yo le decía en broma (aunque no tanto) "el frío es parte también de mi".

-Yo no podría odiarte, lo sabes. Me dolió, si. Pero prefiero pensar en ti como el que me hizo reír y sentirme bien durante mucho tiempo. Después de esto eso es todo y cada quien seguirá por su camino.- le dije y comencé a tomar mi café.

-Pero yo... tú sabes... ella es tan...- se le notaba muy nervioso.
-No me expliques nada de ella, llegó el final y eso es todo.
-Solo quería decirte que... - guardó silencio por un rato que parecieron ser muchos minutos - ... sentí que ya no era tan especial para los dos como lo había sido al principio.
-Es verdad, ya no era bueno ni para ti ni para mi. Aún así creo que pudiste haberlo hecho mejor.
- Y ese es el grave error por el cual quería hablar contigo, y por eso tenia miedo de que me odiaras.
-Ya olvídalo, lo hiciste, ya me pediste perdón, te dije lo que debía decirte y tú lo que debías decirme. Disfruta de tu chica mientras dure y solo tengo que decirte: Gracias por los momentos vividos y que te vaya bien.
-No quiero que desaparezcas- me dijo.
-No me iré, seguiré aquí, me verás en la universidad pero algo si debo recomendar y es que no volvamos a juntarnos así como hoy. Te daré los buenos días y seremos cordiales uno con el otro pero no más relación entre tu y yo... por tu bien y en esta ocasión pesando más en mi (algo que no acostumbro) por mi propio bien.

Le pagué el café y me fui a mi clase.

Yo lo sabía, nada podía hacerse ya ahora que había pasado todo. Solo desearle lo mejor y terminar al menos creo yo, de la manera más correcta haciendo saber que ambos teníamos responsabilidad en lo sucedido y que no pensaríamos en asesinarnos cuando nos cruzáramos en el camino.

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