viernes, 12 de junio de 2015

El Viejo

El Viejo avanza y sonríe, sus pasos lo dirigen al mar.
El mar fue su cuna y arrullo cuando recién llegó y fue el mar quien lo arrastró hasta la orilla dónde él buscó su camino.
Se internó en la selva y recordó el arrullo del mar, le dio vida y llevó consigo hacia el mundo exterior.
Voló cual gaviota y vio al mundo en su esplendor. Fue presa fácil pero logro escapar con la misma astucia que un león.
Ya cansado descubrió en su andar que la vida llevaba en sus manos desgracias y también amor.
Tomó ambas manos y logró ser fuerte como nadie.
Él supo dar amor y ser amado, supo conocer la desgracia y enseño a no caer ahí.
Sus hijos, cada uno de ellos, con la misma fuerza y el mismo coraje, caminaron entre la selva. Volvieron a cantar el arrullo a sus propios hijos y el mismo Viejo las cantó a sus nietos.
El Viejo vio un día a sus hijos irse lejos y recordó con alegría el amor que les dio y el que ellos le dieron.
Pudo escuchar a los niños reír tres veces en cada amanecer y los confortó con su calor tres veces cuando la noche era fría para dormir.
¿De qué sirve mucho vivir sin enseñar lo vivido?
Él lo sabía, supo amar y supo enseñar.
Hoy su arrullo va cantando, no su propia voz, si no la voz de aquellos que alguna vez arrulló al dormir.
Hoy ya ha caminado demasiado y su arrullo suena en mi voz, se va acompañándolo de armonías para que pueda dormir y ser feliz.
Yo seguiré cantando, seguiré amando y seguiré enseñando como lo hizo El Viejo.
Él así solía llamarme desde pequeño mientras me sostenía en sus brazos... Viejo... yo ahora soy: El Viejo.

-Dedicado a mi abuelo quien ha decidido irse entre el arrullo la noche anterior-

martes, 2 de junio de 2015

Una batalla más


Si, me di tiempo para sentirme mal y llorar un poco pero me limpié las lágrimas y me levante de mi devastación.

Él aún sostenía mi mano cuando vi escaparse de sus ojos el último intento de mirarme. Su ligera sonrisa agradecida por tantos años a su lado y su larga exhalación que fue la última. Siempre lo creí como ese momento donde todo se escapa y todo vuelve al ser de la tierra.

Separé su mano tensa de la mía, le limpié el sudor y la sangre del rostro. Puse junto a él su espada y tomé el yelmo. Besé su frente y me fui andando entre cadáveres y moribundos.

A veces no podía evitar mirar hacia atrás y conforme avanzaba veía las magnitudes de la reciente batalla. Algunos se levantaban solos y ayudaban a otros a hacerlo. Revisaban a quienes podrían salvar y se permitieron llorar en silencio por sus amigos y compañeros.

Nadie dijo que por ser guerreros no se nos permite sentir dolor... no dolor físico, dolor del alma. Por decirlo de alguna manera. Somos humanos y también amamos.

No podré olvidarlo, no podré dejarlo pasar. Iré recordándolo mientras camine, me seguirá punzando en la cabeza su sonrisa infinita. Podre soñar que sigue a mi lado y aunque aprenda a vivir sin él, será parte de mis pasos, los que ya he dado y los que he de dar.

Quisieron ayudarme, curar mis heridas y limpiar mi sangre. Mi dolor corporal no se compara con el del alma. Deberán sanar con el tiempo...

Mi vista se nubla, siento frío, no existe nada... solo existe el saber que al despertar todo estará bien.