martes, 11 de agosto de 2015

Oportunidad

¡¿Que carajo hice?!

Estuve pensando eso dando golpes en la cabeza desde esa noche.
No podía creer lo que había hecho, no se porque lo hice pero lo hice y ahora me estaba incendiando por dentro al no saber que pasaría a partir de ahora.

Lo que sucedió fue lo siguiente:
Recibí un mensaje en Whatsapp el sábado por la mañana. Era Luis, amigo y compañero de teatro. Rara vez me envía mensajes pues solemos platicar solo en persona. El mensaje decía:

Luis: Hola, Ed! :3 Estas despierto?
Ed: Si, me desperté hace una hora.
Eso era mentira, en realidad la alerta del teléfono me despertó.

Luis: oh! Que bien, quería saber si tienes algo que hacer en la noche?
Ed: No, nada... ¿Por qué?
Luis: El lunes es mi cumpleaños y hoy haré una fiesta pequeña en mi casa, no invité muchas personas y quiero que estés aquí.

Luis cumpliría 21 años y no acostumbra festejarlo pero a petición de sus mejores amigos accedió a hacer algo distinto este año.

Cuando se acercaba la hora de la fiesta ya me había puesto lo mejor de la ropa que tengo, me tardé peinando mi cabello y me puse aquellos zapatos que uso solo en eventos importantes.

Tomé la camioneta con permiso de mis padres y me dirigí a la fiesta, en la tarde conseguí un regalo que sabía iba a ser del agrado de Luis. Me tardé lo suficiente en encontrar algo adecuado.

¿Por qué me esfuerzo tanto?
Eso lo pensaba de camino a la fiesta. Se que Luis es un tipo de chico distinto a muchos, es bailarín y cantante, apasionado a estas actividades. No es muy guapo y es más bajo que yo y definitivamente no es el chico que me gustaría pero sin embargo me había vestido para él, muy contrario a lo que siempre soy, desaliñado.
Seguramente es solo que me cae muy bien - pensé - y me fui más tranquilo a la fiesta.

Llegué a la fiesta, 30 minutos después de la hora acordada para no ser el primero. Toqué el timbre y salió el a la puerta. Me abrazó con fuerza y me dijo...
- ¡Que bueno que viniste! - me observó con una sonrisa en el rostro y agregó - Te ves muy guapo.
- Gracias, tú también- Y a decir verdad ese día estaba muy arreglado y limpio, se veía guapo. Tal vez sea que cuando cruzo con el por lo regular va con ropa cómoda de deporte y sudor por el trabajo en teatro.

Caminamos al interior donde sonaba música de moda que no reconocí en un volumen agradable y para mi sorpresa no había nadie.
Me sentí incómodo por un momento hasta qué el volvió de la cocina con una botella de whiskey y unos vasos. Me preguntó si quería y le dije que si, entonces sirvió un poco en ambos vasos ya con hielo.

-De verdad te ves muy guapo- me repitió sentándose junto a mi mientras me aplastaba con su mirada.
-Gracias -  y reí nervioso clavando la mirada en mi vaso.

El se acercó más a mi y yo ya estaba totalmente acorralado junto a la pared y entonces sonó el timbre.

Luis se levantó a prisa y abrió la puerta, ahí estaban otros 6 compañeros de teatro todos con regalos en las manos... el regalo... Me levanté rápido con el impulso de ir por el regalo que se había quedado en el coche pero me detuve saludando a los recién llegados.

Luis volvió a prisa junto a mi y me hizo sentar empujándome por el hombro hacia abajo.
Entre copas y botana... charlas y risas olvidé pronto aquello.
Comenzó el baile y estaba yo bailando con Selene. Luis me miraba mientras bailaba con Claudia y decidió decirle a ella que tenía que ir a comprar otra botella.

Se acercó a mi y dijo: Me acompañas a comprar más alcohol.
Yo acepté y fui con él.

Subimos a mi camioneta porque yo insistí y ví el regalo. Antes de arrancar se lo dí.
Luis abrió con calma el regalo y al verlo lo observó con una sonrisa enorme en su rostro.

-Es genial-

En una ocasión el me había visto con una camisa como esa y recuerdo que me dijo con entusiasmo: Te la quiero quitar, esta muy bonita.

Aquella tarde antes de la fiesta busqué alguna parecida y la encontré después de visitar 8 tiendas.

Sentí entonces su abrazo al rededor de mi cuello. Y acto seguido noté mucho movimiento junto a mi... entonces lo vi. Le quitó la etiqueta y se despojó de la camisa que llevaba esa noche, la tiró al piso de la camioneta y buscó la manga para introducir su brazo. Yo observaba su abdomen perfectamente marcado, sus pectorales que recién se empezaban a abultar, señal de que no hace pesas ya que sus brazos solo están marcados pero no abultados. Subí hasta su rostro y noté que él me veía sonriendo.

silencio...

Risa nerviosa de su parte...

Se puso la camisa y dijo: Vamos por la botella.

Fuimos en silencio, compramos lo necesario volvimos a su casa. En el camino me dijo viendo hacia la ventanilla y su voz sonaba lejana entre el ruido del motor.

-Quédate a dormir esta noche-

Lo pensé... sudé un poco... sentí su mirada aplastándome de nuevo... detuve el coche en la puerta de su casa... lo vi...

-No-

Nos quedamos en silencio después de eso... bajamos de la camioneta, el entró a casa y yo le dije:

-Me tengo que ir, Feliz cumpleaños-

Subí al coche y me alejé.