sábado, 19 de septiembre de 2015

Reencuentro

La extraña nube gris de frías gotas de lluvia, se cansó de hacerme llover.

Recogí los libros del suelo, los coloqué de una forma agradable en el librero que me regaló mi madre y que desde el día de mi cumpleaños permanecía vacío porque no tenía ganas de colocarlos en su lugar. Todos ellos estaban en el suelo en extrañas posiciones.

La ropa (aunque limpia) estaba en una silla al fondo de donde sacaba algo cada que lo necesitaba. La tome y me dispuse a colocarla en el guardarropa también vacío.

No se cuanto tiempo tardé en hacerlo pero por fin estaba limpia mi habitación, en orden, con olor fresco y la fragancia de esos inciensos que hace tiempo no quemaba para mantener bien perfumada la pieza.

Tomé una ducha con agua fresca (no fría) para combatir el calor ambiental. El jabón en mi cuerpo y mis manos recorriendo, inspeccionando. El tatuaje que llevo en el pecho me puso a pensar: "Debo tatuarme de nuevo".

Estaba ya limpio, vestido y peinado. Me observé en el espejo y comprobé que todo estaba bien.

Salí a la calle y caminé. Escuchaba el sonido al rededor. Había niños jugando en el parque cercano a casa, familias, amigos, novios... Por primera vez desde hace mucho tiempo, caminé sin audífonos a todo volumen.

Caminé por 20 o 30 minutos hasta que lo vi. Él me hacía la seña de saludo desde el otro lado de la calle.

Crucé a prisa al notar que no venían coches y al llegar con él me abrazó con fuerza...

-Te extrañé... -Me dijo sin soltarme- ¿Cómo estas?
-Estoy muy bien, yo también te extrañé... ¿Cómo te ha ido?
-Me ha ido regular, ya sabes la situación - Dijo él por fin soltándome - Pero no creo que tú me extrañes, de haber sido así, me hubieras buscado.
-Perdóname - Le respondí con sinceridad.
-Vamos, que no tenemos mucho tiempo.- me dijo él y caminamos hasta su casa.
-Por cierto... ¡feliz cumpleaños!- le dije cuando habíamos recorrido ya un buen tramo.
-Gracias- me dijo él.

Tenía meses sin acercarme a él, en realidad a casi nadie... pero él... no se porque me alejé tan estúpidamente de él. Siempre me acompañaba, me cuidaba, me regañaba... hacía lo que un amigo debe hacer.

-Quiero pedirte perdón por... ya sabes... no sabía que hacer... -Le dije titubeante.
-Shh! - me hizo callar. - Yo entiendo. No me debes explicaciones y te perdono... Lo único que no te voy a perdonar, es que me dejes de hablar otra vez... -Dijo Pablo.

No pudo decir nada más, porque su mamá abrió la puerta y entre abrazos y besos de madre me invitó a pasar a su casa, donde la reunión familiar de cumpleaños de mi amigo se celebraba.

-No podía celebrar en familia, si no estaba mi único hermano aquí.

Lo admito, lloré un poco.

(Pensé en un tatuaje nuevo... mi amigo de siempre)


lunes, 14 de septiembre de 2015

Filosofía del cigarrillo.

Y me lo
decía mi amiga:

"Si te quita el cigarro y luego te hace fumar de su mano, es porque quiere saber si aceptas coger con él"

No se de dónde saca tantas cosas.

"No te olvides de quitarle el cigarro, eso asegura la determinación"

No, no lo creo, no puede ser así, son solo ideas tontas.

"Si te observa mientras inhala y exhala el humo, de verdad te desea"

Tonterías.

"Si el humo lo lanza hacia arriba, quiere seducirte"

No comprendo, son estupideces todas esas.

"Si fuma mientras lo hacen... te quiere ver de nuevo"

No...


Ahora empiezo a creer que ella tal vez tiene razón.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Otra vez igual


La guerra nunca termina...

Batallas las hay muchas, cada día y en cada momento.

A veces se pierden a veces se ganan.

En  los breves respiros se debe únicamente prepararte para la que sigue,
es decir, no hay descanso.

Una tras otra,
levantar la espada y prepararse para continuar...

La guerra continúa, nunca se detiene... hasta morir.

***



Como era de esperarse las cosas fueron distintas a partir de aquella noche.

No podía huir, ni él ni yo, teníamos que seguir frecuentandonos en los ensayos y soportar las escenas juntos... no decíamos hola al llegar pero nuestro cuerpo se tensaba con vernos. Miradas que se desvían, movimientos veloces para "hacer algo" que no estábamos haciendo... leer, atar los zapatos, tomar agua, gesticular ante el espejo...

En algún momento decidimos acercarnos de nuevo, pero al hacerlo, él se alejaba o cuando era él, yo me alejaba.

Era un juego para ver quien hablaba primero...

Y sucedió...

Estaba nuestra compañera a la mitad del pasillo texteando algo en su celular cuando decidí llamarla:

Vannesa!

Mi voz fue doble... ella volteó alternativamente a la derecha e izquierda... Luis y yo la llamábamos desde puntos extremos.

Luis y yo no evitamos vernos y sonreímos ante la "casualidad".

Después de que cada quien expuso con Vannesa su necesidad, ella se fue dejándonos solos ahí.

-Ya me iba- me dijo Luis.
-Yo también.
-¿Traes tu coche?- me preguntó
-No, me iré en taxi.
-Espera, yo te llevo.

Salimos al estacionamiento y saqué un cigarro.

-¿Hace cuanto que fumas?- me dijo Luis, poniendo nuestras cosas en la cajuela del coche.
-Mi último año de preparatoria, es decir... cuatro años.
-¿Fumas mucho?
-No, solo a veces... últimamente menos.
-Que bien.
¿Quieres?- le ofrecí un cigarro
-Gracias- Tomó uno de la cajetilla y le presté mi encendedor.

Humo... en la fría noche que recién había quedado tranquila después de una lluvia intensa.

-Quería hablarte...- comenzó a decir pero lo interrumpí.
-Yo también...-hice una pausa y seguí hablando- Discúlpame por lo que te hice en tu fiesta... no quería...
-Ya, ya... esta bien- me dijo- si me hiciste sentir mal y creí que me odiabas o algo así, pero en estos días me di cuenta que intentabas acercarte y no decías nada y me di cuenta que tu te diste cuenta que yo hacía lo mismo... eso me dio esperanzas...
-Perdóname...- le dije otra vez bajando la cabeza.
-¿Por qué?- me preguntó

De pronto una serie de pensamientos me inundó, lo que había estado haciendo, lo que pasó con Juan hace tiempo, mi depresión en los últimos días, en especial desde que murió mi abuelo, las incontables veces que en el psicoanalista me solté a llorar sin razón aparente, mi forma de alejarme en silencio de todos los que tengo al rededor, las discusiones más frecuentes con mi padre, mi terrible forma de hacer sentir mal a los demás y las veces que hice que todo se fuera a la mierda.

El maldito psicoanalista tenía razón...

Todas esas cosas que pensé no pude decirlas, pero eran la respuesta a esa pregunta "¿Por qué?"
Y no lo dije, pero algo se liberó ahí... me sentí ligero y como un cuchillo rebanandome en dos que me hacia sangrar pero a la vez bien.
Unas lagrimas salieron de mis ojos y pude verlo a él... inmóvil y su mirada que me veía con preocupación.
Me abrazó con fuerza... su perfume... ahí como agente tranquilizador.

-Tengo miedo- le dije al oído
-¿De qué?
-De que por mi culpa todo se vaya a la mierda... de enamorarme y hacer que alguien se enamore de mi y después todo se vaya a la mierda... como siempre...
-No tiene por que ser así otra vez... - me dijo separándose de mi y viéndome a los ojos.

Esa noche fuimos a cenar... pero antes, cenamos pizza.