martes, 10 de noviembre de 2015

Una mente brillante

Muchas veces me ha pasado que en donde menos lo espero aparece algo que no estaba buscando y sin embargo es como si lo hubiera hecho.

Ahí estaba él, con pinta de ser de aquellos que tras una cara de buen chico, ocultan un monstruo que puede llevarte a la perdición del sexo, me había citado aquella noche después de un congreso ofrecido en mi universidad, en el que nos conocimos.
Le gusté, me gustó.

- Soy Alberto, estudio la universidad, vivo dedicado a la ciencia. Mis placeres son el saber, el arte y el sexo. Te escuché en la exposición de psicología del martes pasado y me enamoré del gran discurso que manejas sobre arte y salud mental. Es un placer para mi que hayas aceptado mi invitación, tenemos mucho que conversar... pero más que todo eso, quiero hacerlo contigo.

Nadie me había ofrecido hacerlo de la manera en la que él lo estaba haciendo.

-Claro- respondí casi sin saber que decir.

Su voz era tranquila, no muy grave, más bien una voz juvenil, agradable al oido, pero vieja. Lenta pero no monótona. Usaba un lenguaje muy sofisticado, correcto, lleno de expresiones no habituales en el léxico de una persona "normal", como si en aquella voz guardara una historia de alguien que ha vivido demasiado, como si no fuera él quien se regía por el tiempo, si no más bien era él quien hacia andar el tiempo con su voz.

Para mi, algo que puede determinar que sea agradable algo es el sonido, y las voces son en el mejor de los casos, la principal razón por la que puedo disfrutar.

Nos fuimos lejos de la gente que hablaba con el volumen habitual cuando te la pasas bien y el alcohol ya ha hecho su trabajo.

Fuimos a un lugar cercano.

En el camino me dijo:
-Me gustan tus ojos, eres guapo- agrego casi sin dejarme terminar de presentarme.

Yo solté una risa, de esas que dicen "no puede ser".

Él no era del tipo "guapo" que había frecuentado ultimamente. Era más bien del tipo de chicos que en un salón de clases, sería catalogado como el nerd. Usaba anteojos, su cuerpo no era trabajado, más bien regular, con aquella carne que suave rodea los brazos, piernas y abdomen, dando una figura curvada. Su rostro redondo pero con ojos delicados y una sonrisa amable.

Vestía distitno a todos en aquel bar, con ropa que podrías ver utilizando a un profesor universitario. Camisa de mangas largas en azúl, un saco rojo que pareciera extraido de una pelicula de los años 60, pantalones Jeans y zapatos marrones de agujetas... para terminar de adornar con una boina del tipo visera.

En otras palabras... un intelectual.

El jugueteo comenzó, él sin dudar y con una mano habil provocó en mi gemidos sin haber quitado la ropa. Obviamente era un maestro en el arte del placer.

Los dedos, la lengua, su cuerpo entero desbordaba placer que me provocó no solo orgásmos genitales.

Su pecho cubierto de vello me excitaba de sobremanera, todo su cuerpo con suave vello claro... jamás me había excitado un cuerpo asi.

Él era suave y agresivo a la vez... No quedó una parte de mi cuerpo sin ser explorada y fue eterno...

Una vez respirando con fuerza, cuando el cuerpo vuelve a un estado de baja excitación, solo entonces habló:

-Permiteme conocerte mejor... aprender de ti- Agrego tomando mi mano.

Yo estaba fascinado... no hay nada más sensual que una mente brillante.