lunes, 3 de abril de 2017

Mujer

¡Que difícil es ser mujer!

Llevar la frente en alto y la espalda recta.
Ser firme y poderosa sin perder la delicadeza y la gracia.
Se necesita valentía.

Un gran monto de ternura y bondad.
Cargada de un coraje capaz de enfrentar tormentas.
Llevar el cabello suelto volando al viento.
Alzarlo en un moño o recortarlo para tener ligereza.

No olvidar la belleza.
Dibujada en el rostro con la sonrisa.

Se debe reír a carcajadas, disfrutar la vida.
Se debe llorar el dolor del alma sin caerse por completo.
Se debe vivir libre y liberar a quienes se ama.

Se debe soñar siendo realista.

Hay que cantar con pasión.

Se debe celebrar la vida.
Amar el mundo.
Llorar la muerte.

Se debe alzar la voz y no derrumbarse...
Sólo derrumbar paredes con el grito de libertad.

No está en tu cuerpo.
Ser mujer no es ser delgada.
No es tener un cuerpo de revista.
No es un tono de piel.

Ser mujer no se resume en la ropa que llevas,
en los zapatos que compras,
en el maquillaje que usas,
ni en la forma en que llevas el cabello.

Hay mujeres siempre completas.
Nunca a medias.

Hay mujeres que han perdido parte de su cuerpo y siguen siendo mujeres.
Hay mujeres que no han tenido hijos y siguen siendo mujeres.
Hay mujeres que no están casadas y siguen siendo mujeres.
Hay mujeres que aman a otra mujer y siguen siendo mujeres.
Hay mujeres que no nacieron mujeres y siguen siendo mujeres.

Hay mujeres como yo, que se dicen hombre... ¡pero carajo! ¡¿Acaso no tenemos algo de mujer?!
Mujer no es mi cuerpo, ni mi ideología, ni mi apariencia.

Mujer es la vida.
Mujer es todo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Piel

La instrucción fue sencilla, no había mucho que explicar.

Las 3:40 de la tarde y el calor de la primavera acercándose en ese sábado de trabajo.

Salí de casa con mi ropa negra de trabajo, nada de jeans ni camisas que me impiden moverme. camisas holgadas y un pantalón deportivo de gimnasia.
El trabajo de preparación para el siguiente proyecto teatral requiere de mucha condición física, por lo cual estamos teniendo entrenamientos intensivos de control, manejo, fuerza y resistencia corporal.

Una hora de trabajo duro y nuestros cuerpos sudorosos y doloridos pedían agua y reposar inmóviles mientras gritábamos por dentro.

-Bien- dice Jan nuestro entrenador. -Es momento de que se relajen y se recuesten en el suelo. Solamente respiren profundo y cierren sus ojos.

Yo ya lo estaba haciendo antes pues estaba al borde del desmayo. Pensaba punitivamente en que no debí fumar antes de llegar pero el maldito vicio me persigue.

-La instrucción es la siguiente- dijo en un tono de voz ya no tan autoritario, mas bien como una petición.-Escucharan la música y al ritmo conforme les vaya provocando moverse se tocarán el cuerpo, conozcanse nuevamente, vuelvan a conocer sus piernas, sus brazos, su cara, su abdomen, su espalda... todo su cuerpo. Adelante.

La música era suave pero con un toque sensual y solo pensé en acariciar mi cuerpo como si me hiciera el amor yo mismo. Descubrí mis muslos, mis pies, la cintura que ha aumentado un poco su tamaño en últimos años, mi pecho que estaba sudoroso al igual que mi cara donde aproveché para secarla con mis manos, mi cuello, mis codos, por entre mis dedos, mis labios que me besaban a mi mismo, mi propia piel.

-Sin abrir los ojos empiecen a reconocer el suelo que los rodea, si encuentran a alguien y se tocan no lo rechacen ni huyan, toquenlo y continúen reconociendo el espacio.

Choque mi brazo con la pared, encontré una mano pequeña y la tomé como si fuera mía, me despedí de la mano y continué, mi pié se cruzó con una pierna velluda que froto con calidez mi pie y se despidió gentilmente.

-Olvidense del espacio y exploren los cuerpos que están cerca, pueden desplazarse sin abrir los ojos y para que siga siendo intimo.

Una mano recorrió mi brazo hasta mi cara y la tocó con delicadeza, mientras que mi mano descubrió una rodilla que cedió a mi toqué, un pie se metió entre mis piernas a nivel del muslo y jugueteó alegremente.

De pronto eran muchas manos, muchos pies, mucho cabello, respiración, tocaba manos suaves y ásperas, pies grandes y pequeños, piernas delgadas y gruesas, cabellos largos y cortos, un cocktail de partes del cuerpo que tenían buen sabor.

-Eso es, pierdan el miedo, respétense, ámense, sean uno.

Un dedo recorrió mis labios mientras mi mano lograba sentir el latido de un corazón que no era mio, unos labios tocaron mi mejilla, me topé con varios pechos femeninos que no huían al contacto, dos veces tocaron mi pene y no sentí mal, no me excité para terminar erecto. Yo también me tope con alguno que estaba en estado relajado y solo seguí descubriendo. Uní labios tres veces con no se quien, cada uno dulce y único. De pronto ya estaba conformada una masa al centro donde todos respirabamos y sudabamos, ninguno tenía mal olor.

Eramos un solo cuerpo, una sola piel, un solo ser haciéndose el amor a si mismo, era algo hermoso.

Debo decir, que se sintió como cuando se es amado por alguien de manera incondicional.

La música se detuvo y escuchamos la voz: -Dejen de moverse, quédense como hayan quedado. No se suelten. Ahora abran lentamente los ojos sin separarse.

Abrí mis ojos y veía borroso por haber tenido tanto tiempo los ojos cerrados además de que no llevaba mis gafas.
Ahí estaba frente a frente con un compañero observandome perplejo, mi mano en la cabeza de una chica y de la cintura me abrazaba otro compañero.

-Al menos dediquense una sonrisa quienes esten de frente.

Efectivamente sonreimos.

-Bueno, después de hacer todo eso que más nos queda que sonreirnos- dijo una chica.

Todos rieron.

-Ya pueden soltarse- Dijo el entrenador.

La verdad nadie quería separarse, se estaba muy a gusto recibiendo tanto cariño.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Pez fuera del agua

Apenas suena el despertador y ya quiero volver a dormir.

El último semestre de la universidad está haciendo bien su trabajo. Noches de lecturas interminables pero fascinantes. Proyectos e investigaciones que me quitan el sueño, no porque sean dificiles, si no porque son hechizantes tematicas sobre lo humano.
Mi café de cada mañana, un par de galletas y el cigarro... quizá dos o tres.

Mi cabello fuera de lugar, a veces en mi rostro, otras veces en el aire y cuando menos lo quiero está enredado en pensamientos.

Los cabeceos en clases al cerrarse mis ojos por el cansancio, los snacks y dulces para despertarme.

Los chistes estupidos de mis amigos y la invitación a tomarnos una cerveza cercana la noche.

Mis zapatos viejos que al pisar un charco se llenan de agua. El abrigo con mil agujeros por donde se cuela el aire. Mi barba que me quité a medio dormir y está dispareja.

Mis audifonos alejandome del bullicio del mundo para concentrarme en una teoría.

El profesor que nos habla con tanta familiaridad que ya es más amigo que profesor.

Los mismos rostros de los últimos cuatro años.

Y aunque suene monótono, pesado y doloroso, no es así. Es excelente, es mi pecera donde nado tranquilamente y el agua es tibia. Donde se que estoy en paz.

Pronto saltaré de esa pecera al mar y no será tibio, no sera pacifico, no será tranquilo.

Quizá así me siento.

Como un pez que está fuera del agua, de esa agua a la que me acostumbré. Que está por saltar y estar solo contra el inmenso océano.

Es excitante ver más allá de la pecera pero a la vez es aterrador.

jueves, 16 de febrero de 2017

Era necesario

Tenía ganas de volver a escribirte, querido amigo.

Sabes, he estado viviendo de una manera muy extraña. No te voy a mentir, no he estado del todo bien.

Las noches de llanto fueron mayores y peores.

Las pesadillas se hacian realidad pero no había monstruos, solo realidad... terrible realidad.

Tuve que luchar en una verdadera guerra. Combatir el hambre y la desesperación.

Y debo decir que morí.

Vi a mi familia irse muriendo.

Pero me levanté antes de exhalar por última vez.

Luché y logré sacarlos de ese infierno.

Casi tuve que abandonar mis ideales por ellos. Pero logré hacerlo.

Era necesario sacrificar mucho de mi, de mi tiempo, de mis sueños por ellos.

Y también era necesario volverte a platicar querido amigo.

Volví ante tus ojos porque me alegra saber que sigues por ahí lidiando tus propias batallas.

Me pondré al corriente contigo muy pronto.

No prometo quedarme para siempre, pero mientras la vida dure, lucharé a tu lado.