miércoles, 22 de febrero de 2017

Pez fuera del agua

Apenas suena el despertador y ya quiero volver a dormir.

El último semestre de la universidad está haciendo bien su trabajo. Noches de lecturas interminables pero fascinantes. Proyectos e investigaciones que me quitan el sueño, no porque sean dificiles, si no porque son hechizantes tematicas sobre lo humano.
Mi café de cada mañana, un par de galletas y el cigarro... quizá dos o tres.

Mi cabello fuera de lugar, a veces en mi rostro, otras veces en el aire y cuando menos lo quiero está enredado en pensamientos.

Los cabeceos en clases al cerrarse mis ojos por el cansancio, los snacks y dulces para despertarme.

Los chistes estupidos de mis amigos y la invitación a tomarnos una cerveza cercana la noche.

Mis zapatos viejos que al pisar un charco se llenan de agua. El abrigo con mil agujeros por donde se cuela el aire. Mi barba que me quité a medio dormir y está dispareja.

Mis audifonos alejandome del bullicio del mundo para concentrarme en una teoría.

El profesor que nos habla con tanta familiaridad que ya es más amigo que profesor.

Los mismos rostros de los últimos cuatro años.

Y aunque suene monótono, pesado y doloroso, no es así. Es excelente, es mi pecera donde nado tranquilamente y el agua es tibia. Donde se que estoy en paz.

Pronto saltaré de esa pecera al mar y no será tibio, no sera pacifico, no será tranquilo.

Quizá así me siento.

Como un pez que está fuera del agua, de esa agua a la que me acostumbré. Que está por saltar y estar solo contra el inmenso océano.

Es excitante ver más allá de la pecera pero a la vez es aterrador.

jueves, 16 de febrero de 2017

Era necesario

Tenía ganas de volver a escribirte, querido amigo.

Sabes, he estado viviendo de una manera muy extraña. No te voy a mentir, no he estado del todo bien.

Las noches de llanto fueron mayores y peores.

Las pesadillas se hacian realidad pero no había monstruos, solo realidad... terrible realidad.

Tuve que luchar en una verdadera guerra. Combatir el hambre y la desesperación.

Y debo decir que morí.

Vi a mi familia irse muriendo.

Pero me levanté antes de exhalar por última vez.

Luché y logré sacarlos de ese infierno.

Casi tuve que abandonar mis ideales por ellos. Pero logré hacerlo.

Era necesario sacrificar mucho de mi, de mi tiempo, de mis sueños por ellos.

Y también era necesario volverte a platicar querido amigo.

Volví ante tus ojos porque me alegra saber que sigues por ahí lidiando tus propias batallas.

Me pondré al corriente contigo muy pronto.

No prometo quedarme para siempre, pero mientras la vida dure, lucharé a tu lado.